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México, como Francia, ha respondido siempre al llamado de la historia

México, como Francia, ha respondido siempre al llamado de la historia

Palabras del Presidente Vicente Fox Quesada durante la Sesión Solemne de la Asamblea Nacional. Versión estenográfica de las palabras del Presidente Vicente Fox Quesada durante la Sesión Solemne de la Asamblea Nacional, que esta mañana ofreció en su honor en el Salón Plenario del "Edificio de Lassay", en esta ciudad. París, Francia, Jueves 14 de noviembre de 2002. Sistema Internet de la Presidencia de la Republica, México D.F.

Notimex Foto/Gustavo Benitez

Señor Presidente; señoras y señores diputados; amigas y amigos:

Agradezco la amable invitación del señor Jean-Louis Debré, quien me otorga el honor y el privilegio de dirigir algunas palabras a las y los dignos representantes del pueblo francés en este recinto histórico.

Este hemiciclo ha sido testigo de momentos claves de la historia de Francia, y que ha ejercido una influencia decisiva en la evolución de las instituciones que hacen de este país una de las grandes democracias del mundo.

Que conozco el valor y el dinamismo de la sociedad francesa, y les manifiesto la aspiración de México a desarrollar un diálogo constructivo con todos ustedes que, desde este foro parlamentario, contribuyen al fortalecimiento de la paz y el desarrollo en todo el mundo.

Nuestros países han mantenido una larga y fecunda relación. El México independiente es heredero de ideas y valores surgidos en Francia, que contribuyeron a definir su identidad política.

Los filósofos de la ilustración ejercieron una poderosa influencia en la formación del Estado Mexicano y se han convertido, por ello, en parte de nuestra propia historia intelectual.

Hoy los anhelos republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, siguen siendo parte esencial del ideario político del pueblo de México y orientan la acción de su gobierno.

Notimex Foto/Gustavo Benitez

México, como Francia, ha respondido siempre al llamado de la historia. Surgimos como una nación independiente en el compás abierto por la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y por la Revolución Francesa.

Emprendimos una ardua tarea de construcción nacional a lo largo del siglo XIX, que gradualmente definiría el Estado Mexicano. Realizamos como resultado de la Revolución Mexicana una reforma social histórica, lo hicimos a principios del siglo XX y, a lo largo de ese siglo, continuamos consolidando las instituciones nacionales.

Hace dos años logramos, de manera histórica, una transición política hacia una democracia plena, expresión de la voluntad de México de ser protagonista de su historia y de participar activa y legítimamente en el escenario internacional.

Mi país ha iniciado el nuevo milenio con un gobierno plural, producto de un proceso ejemplar en materia electoral. A lo largo de muchos años diversas fuerzas políticas y muchos millones de mexicanas y mexicanos luchamos pacíficamente por la consolidación democrática que deseaba nuestro pueblo.

Hoy la democracia se ha instituido firmemente y forma parte de la vida cotidiana de las y los mexicanos.

El equilibrio de poderes es un elemento central de esta nueva vida pública. Mantener tal equilibrio ha demostrado ser un ejercicio difícil y complejo, pero necesario para la consolidación del México de mil voces que deseamos. Ese México encuentra una expresión privilegiada en el diálogo continuo que desde el Gobierno hemos iniciado con la sociedad civil, con el Congreso de la Unión, fundamento primario de nuestro sistema democrático.

Uno de los mayores retos que enfrenta la sociedad mexicana es asegurar la vigencia plena del Estado de Derecho. Por ello, estamos reforzando la primacía de la legalidad en todos los ámbitos. No hemos escatimado ningún esfuerzo para combatir la corrupción y la impunidad, convencidos de que la obligación legal y ética de enfrentarlas es políticamente neutral, ya que trasciende intereses sectoriales y de partido.

Con ese mismo espíritu, hemos creado una Fiscalía Especial para la Investigación de los Hechos de Represión Política y Policiaca de los últimos 50 años. Y hemos abierto a las y los ciudadanos los archivos oficiales relacionados sobre esos acontecimientos del pasado, incluidos los del Ejército Mexicano.

Un tema que ha generado especial interés en el ámbito internacional es la situación que prevalece en Chiapas.

Mi Gobierno ha promovido un conjunto de reformas constitucionales en materia de derechos y cultura indígenas, que ha sido aprobada por el Congreso de la Unión y que representa una ley de vanguardia.

Sabemos que aún falta mucho por hacer para impulsar la dignificación de nuestros hermanos y hermanas indígenas, pero hemos restablecido un diálogo constructivo con todos los grupos, con todas las comunidades, con todos los sectores involucrados en esta importante tarea.

En una sociedad democrática no es admisible mantener una oposición extrema que rechaza la conciliación y los consensos necesarios para la resolución de los problemas.

Sé que el pueblo francés ve con simpatía la transición democrática que mi país vive actualmente. Pero no se trata únicamente de un cambio conforme con los valores contemporáneos, se trata de una transformación profunda que nos ha convertido en un país democrático, acrecentando nuestra confiabilidad como socios y actores en el escenario internacional.

México ha demostrado un nuevo compromiso con los derechos humanos, somos una sociedad plural y tolerante, abierta al escrutinio y a la cooperación internacional. Sabemos que la defensa de estos derechos en nuestro país se ha fortalecido en virtud de los estrechos lazos que mantenemos con foros, organizaciones y mecanismos internacionales.

Partimos del reconocimiento de que los valores humanos constituyen valores absolutos y universales y que es obligación de los estados, tanto individual como colectivamente, velar por su respeto.

Al mismo tiempo, estamos convencidos que al promoverlos en el exterior estamos contribuyendo a garantizar que en México tales valores tengan plena vigencia. Todo ello ha repercutido en la imagen que proyectamos al exterior.

Un país como México, que no cuenta con instrumentos de poder tradicionales, como la fortaleza militar o económica, para incidir en los acontecimientos internacionales necesita aprovechar otras formas de influencia.

Lo que mi país puede ejercer por medio de su diplomacia se deriva de la atracción que nuestra sociedad y nuestra cultura despiertan en otros pueblos, de la autoridad moral que hemos construido a través del tiempo y, particularmente, por este período de renovación democrática y vitalidad cultural. También se nutre del compromiso de México con los valores universales.

El proyectar estos factores de manera consciente y deliberada hacia el resto del mundo, nos ha conferido una nueva imagen y un nuevo margen de acción, eso que se llama ahora "poder suave". Para ustedes este concepto no resulta desconocido.

Por largo tiempo Francia ha sabido utilizar con eficacia esta forma de influencia positiva en el mundo. Ahora que México ha comenzado a desarrollar una política similar, la vinculación entre nuestras dos naciones se ha vuelto más intensa y más estrecha.

La consolidación de las instituciones democráticas, el fortalecimiento del Estado de Derecho, la ampliación del margen de influencia internacional de México, nos ofrecen una nueva oportunidad para profundizar nuestra relación con Francia.

En el pasado nuestros gobiernos llegaron a unir propósitos y esfuerzos en el ámbito internacional, como lo demostró la labor conjunta que desarrollaron para promover la paz en América Central durante la década de los 80.

Ahora, gracias al conjunto de valores e intereses que compartimos, podemos volver a unir esfuerzos y ejercer como socios y aliados en un nuevo eje trasatlántico una influencia más eficaz y positiva en el mundo.

En realidad éste es ya un proceso en marcha, cada una de nuestras naciones reconoce y alienta la presencia benigna y constructiva de la otra en el escenario internacional.

Sostenemos un diálogo continúo y mantenemos numerosas convergencias en foros internacionales.

A lo largo de este año hemos podido confirmar esa comunidad de valores y propósitos, lo que nos ha llevado a emitir nuestros votos en el mismo sentido, tanto en la Comisión de Derechos Humanos, como en la reciente resolución de las Naciones Unidas sobre la Corte Penal Internacional.

No obstante, el ejemplo más poderoso de esta comunidad de objetivos e intereses entre México y Francia es el intenso diálogo y tarea diplomática que hemos desarrollado entorno a la compleja cuestión de Iraq.

La posición de mi país en este caso ha sido clara, sostenemos que todos los miembros de las Naciones Unidas deben acatar las resoluciones del Consejo de Seguridad, ni Iraq ni ningún otro país puede ser la excepción.

Los inspectores de Naciones Unidas deben de regresar a ese país para verificar que no haya producción, almacenamiento ni capacidad de transporte militar de armas de destrucción masiva.

Sin embargo, cualquier acción eventual en contra de Iraq por el incumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad debe hacerse con base en los informes que los inspectores de armas presenten al Secretario General y éste a su vez al Consejo de Seguridad.

México está convencido que la acción de uno o varios países sin el consenso de la comunidad internacional dañaría seriamente la credibilidad y la capacidad de acción del Sistema de las Naciones Unidas, por eso apoyamos desde el principio la posición de Francia.

El diálogo y la concertación nos han permitido alcanzar logros importantes, pero nuestros países pueden hacer mucho más, debemos hacer mucho más en la definición del nuevo Sistema Internacional si actuamos unidos.

Hay numerosas tareas que emprender, pero quisiera destacar dos que a juicio de México resultan prioritarias. La primera consiste en continuar impulsando un marco normativo de alcance internacional y universal.

Conforme emerge una verdadera comunidad mundial en la que la gran mayoría de las naciones comparte intereses y necesidades, resulta indispensable edificar un Sistema Internacional basado en reglas aplicables a todos por igual, que permita buscar soluciones globales a problemas globales, con base en principios elementales de equidad, justicia y democracia.

Las y los mexicanos vemos con satisfacción la actividad sin precedentes que se registra actualmente en los foros multilaterales, para la creación de regímenes jurídicos internacionales, articulados entorno a valores universales, a los cuales no se puede oponer la soberanía del Estado.

En ámbitos como los derechos humanos, la democracia, las cuestiones de género, los derechos indígenas, la protección del medio ambiente, el combate al crimen organizado y la corrupción; es decir, en los temas de alcance global que conforman la llamada nueva agenda.

México desea y alienta el establecimiento de una mayor regulación internacional que constituye un marco de obligaciones para todos los estados, independientemente de su poder económico o militar.

Ello me lleva a la segunda de las tareas que consideramos prioritarias, la comunidad de naciones conoce los efectos negativos que puede generar el libre juego de soberanías irrestrictas.

En el Sistema Internacional Contemporáneo, dentro del cual subsiste una potencia única cuyo poderío militar y económico le confiere una posición preeminente, es indispensable asegurar que las relaciones entre países se rijan por normas concebidas y aceptadas por todos.

Debemos evitar que persista la tentación de actuar de manera unilateral sin cortapisas ni equilibrios.

Estado Unidos es una gran nación, es un país amigo, es un socio que ha hecho invaluables aportaciones a la comunidad internacional.

Sin embargo, resulta imperativo persuadirle para que se sume a la acción colectiva y sea partícipe del nuevo sistema internacional basado en normas universales, pues de otro modo ese sistema jamás tendrá vigencia plena.

La densidad, la diversidad de esas normas, será un dique a la acción unilateral, lo que ofrecerá seguridad a todos los países; pero también traerá considerables beneficios a Estados Unidos, al propiciar una mayor estabilidad en el sistema internacional, a todos conviene, a todos conviene, por tanto, contribuir al establecimiento de un entramado de normas, sobre todo, después de los atroces hechos del 11 de septiembre del año pasado.

De no reaccionar ante ellos con lucidez y previsión, corremos el riesgo de que el sistema internacional entre en un período de conflicto e inestabilidad.

Consciente de estos desafíos, la diplomacia mexicana ha puesto su empeño en la búsqueda de convergencias políticas con otras naciones, de modo que podamos participar activamente en la edificación de este nuevo conjunto de reglas y normas universales. Ello, ha traído como consecuencia un mayor acercamiento en las posiciones de Francia y México.

Las iniciativas francesas en los diversos foros multilaterales se caracterizan por su sensibilidad, por reconocer siempre a las diferentes partes y tomar en cuenta sus circunstancias específicas, respetando el derecho internacional.

Esta visión del quehacer internacional es también la de mi Gobierno, que desea mantener y fortalecer un diálogo fluido, respetuoso, franco con el gobierno de Francia para promover las metas que compartimos. Hemos dado los primeros pasos en este sentido, pero faltan cosas por hacer.

A partir de las tareas prioritarias que he descrito, se deriva un conjunto de acciones específicas en las que nuestros países pueden colaborar estrechamente. Una de ellas, consiste en construir el andamiaje del Estatuto de la Corte Penal Internacional, instancia única, que permitirá la aplicación de la justicia por los delitos de genocidio y de lesa humanidad.

Aspiramos a que los responsables de sus crímenes sean sometidos a proceso, sin excepciones cuando no hayan sido sancionados en sus propios países.

México ha emprendido el proceso legal para ratificar el Estatuto que exige las reformas de algunas disposiciones de nuestra Constitución.

Mi Gobierno está decidido a promover la adhesión de todos los países a la Corte para convertirla en una institución viable y efectiva al servicio de la humanidad.

Sabemos que Francia comparte este objetivo y tenemos la firme voluntad de trabajar junto con su gobierno para hacerlo realidad.

La ratificación del Protocolo de Kyoto es otra de las acciones que debemos emprender sin dilación. México favorece la entrada en vigor de esta Convención, la cual permitirá enfrentar las causas y consecuencias del cambio climático, así como reducir los riesgos globales que esto implica. Por eso fuimos uno de los primeros países del continente americano en ratificarla.

No obstante, estamos conscientes de que el Protocolo sólo podrá ser viable si logramos que todos los países se comprometan, tomando en cuenta sus responsabilidades comunes, pero diferenciadas a cumplir con las obligaciones que el mismo impone.

El fortalecimiento del diálogo entre América Latina y Europa será fundamental para acercar y conciliar nuestras posturas en torno a estos y otros temas.

México se ha propuesto ser un puente entre los pueblos de ambas regiones. Hemos participado activamente en el diálogo iniciado en Río de Janeiro en 1999, y seguiremos desempeñando un papel comprometido con ese proceso.

Con miras a consolidar la asociación estratégica entre ambas regiones, mi país será sede de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, a celebrase en el año 2004.

En esa ocasión, podremos continuar profundizando nuestros intercambios y acordar estrategias que promuevan los objetivos que compartimos. Francia y México pueden ser las locomotoras de este proceso.

La estrategia internacional de mi Gobierno se caracteriza por su voluntad de renovación. El mundo ha cambiado, México también lo ha hecho.

Queremos que nuestra política exterior responda a las nuevas necesidades de una nación plenamente democrática en el contexto de un sistema internacional en proceso de transformación.

Por eso, hemos decidido asumir una actitud más activa en el sistema internacional, participar donde se toman las decisiones responsables que tienen que ver con el orden mundial y que habrá de prevalecer en las próximas décadas.

Señoras y señores:

Desde la revolucionaria Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, hasta la continua influencia de la tradición jurídica de Francia en el Derecho Mexicano, la civilización francesa vive en México. Acaso aquí radica lo más trascendente de nuestra relación, en la fascinación mutua por nuestras respectivas culturas.

Las y los mexicanos tenemos una vivencia íntima de la cultura francesa, tanto por nuestro contacto con autores y artistas de esta gran tradición, como por la obra de algunos de los más grandes creadores de México.

No es casual que los tres escritores mexicanos más importantes del siglo XX, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes, hayan tenido una profunda impregnación de la cultura de Francia que se ve reflejada en sus obras.

Recientemente este último recordaba la histórica visita del Presidente Charles De Gaulle a la ciudad de México, en marzo de 1964, la primera de un Jefe de Estado de Francia a nuestro país, en la que se le confirió la distinción inusual de dirigirse a las y los mexicanos desde el palco de Palacio Nacional.

Mi presencia hoy ante esta distinguida Asamblea es una manera de refrendar esa profunda amistad que une a nuestros pueblos.

Esta nación ha representado siempre una fuente de luminosidad y humanismo para el mundo.

Alfonso Reyes lo expresó con su habitual elegancia y lucidez, al decir de Francia: "¡Oh, patria común; oh, tierra de todos!".

El que amaba profundamente a su país no hacía con ello un desaire a su propia tierra, sólo manifestaba su admiración, la admiración de todos por la civilización francesa.

Les agradezco a ustedes este honor y privilegio de permitirme participar en este recinto en el diálogo de México con Francia, esta patria común de la Humanidad.

Muchas gracias.

 

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